lunes 16 de noviembre de 2009

De una villa a un pincel

Esta noticia tiene atraso. Tiene nueve meses de atraso.

No, la damita de la trastienda no está embarazada. No me refiero a ese tipo de atraso ni tampoco por eso es lo de los nueve meses.

Malpensados.

Hace nueve meses que he mudado. Ahora vivo aquí.


Pasé de una Tres Veces Coronada Villa a una novia hecha pincel; pasé del centro al sur, de la plana y desértica costa y aquellos "arenales candentes y extraños" a la pampa ubérrima, el nevado imponente y el frío de machos; pasé de las garúas irrisorias a las lluvias dendeveras y los ríos profundos; del gris panza de burro del cielo limeño al sol eterno de la Ciudad Blanca.

Desde marzo de este año me mudé por aquí, al pie del volcán, para trabajar en lo mismo de siempre pero con otros aires. Y conmigo se mudaron mis esperanzas, mis sueños, mis alegrías, dones y talentos, amén de mis carencias, mis nostalgias, la falta que me hacen mi familia y mis amigos, y mis muchos defectos. Pero como conmigo siempre se muda el Cristo del altar de Don Camilo, tonces no me preocupo nada y tiro pa'lante, eso sí, con toda la fuerza de mi cuello para jalar el yugo.

Ah, porque hay otra noticia, con mucho atraso también: dentro de pronto no llevaré el yugo solo. El yugo de este flaco se transformará en yugo para yunta. Porque el otro día encontré a la damita de la trastienda con la guardia baja y, ¡zas!, le zampé un diamante en el anular izquierdo, y le hice prometer que en mayo buscaríamos a un cura para que dijera "Sí" (la damita, no el cura).

Así que es una razón más para darle las gracias a esta ciudad. Aquí me casaré, aquí tendré mis hijos, y quizá aquí moriré; solo Dios lo sabe. Serán ellos, mis hijos, quienes me enseñarán el significado de esa hermosa frase que vi por aquí grabada en unos arcos hermosos y elocuentes (algunos más que otros): "No se nace en vano al pie de un volcán". Por lo pronto, y antes de descubrir qué pasaría si el volcán... ejem... por lo pronto, digo, voy cumpliendo lo que Él quiere (Dios, no el volcán).

Por cierto, si bien llevo ya nueve meses aquí, aún sigo siendo el nuevito del barrio. Cada tanto, por decir algo, me ocurre algo muy parecido a lo que les ocurrió a estos jovencitos.

Pero no es lo usual, que en esta tierra hay gente muy linda, la mayoría (además, aquí no venden Horlikcs).

Fuera de bromas, me encanta esta nueva aventura. Veremos qué es lo que Dios quiere y seguiremos reportando.

martes 10 de noviembre de 2009

«Ay, amor de hombre...» III

Y, bueno, ¿en qué nos quedamos? Ah, sí, en que por pura amistad, y para ayudarme a desfaçer un entuerto con FI, la damita de la trastienda, el amigo A. tuvo que sacrificar de un plumazo la reputación que con trabajo duro y honesto construyó todos estos años. Si no se acuerda, lo ven aquí y aquí.
 
Pero la cosa no quedó ahí.
 
Porque dije que estábamos a 6 ó 7 de algo, octubre o noviembre, no recuerdo, y desde cierto punto de vista ahí estuvo el problema.
 
Llegamos con las flores, globitos y dulces al departamento de mi amada. Eran las 00:30, oficialmente ya era nuestro aniversario. El amigo A. detuvo el auto y apagó las luces.
 
---Anda, sube; después vienes y te pego un aventón a la avenida para que tomes un taxi a tu casa. 
---Gracias, doctor.
---Yo me quedo aquí abajo todo el rato por si acaso.
---¿Por si acaso? ---le pregunté.
 
Me miró con toda la seriedad del mundo.
 
---Oye, estás a punto de entrar al departamento de FI, solo y en plena madrugada. Como no te quiero ver criar hijos antes de tiempo, yo me quedo aquí: tú subes, le entregas los regalos y le pides perdón, y si en cinco minutos no estás de nuevo en el auto, subo y te saco a patadas.
 
Entendí. Si en el mundo hubiera más amigos como A., no habría abortos, se lo aseguro. El cura de mi pueblo decía que mucha vaina era esto de hablar tanto de la píldora del día siguiente, que en vez de eso deberíamos hablar del día anterior. El amigo A. lo tenía claro.
 
De todos modos, aunque aquella noche hubiera querido hacer algo con FI, tampoco hubiera podido. Porque su vecina de departamento era nada menos que la novia del propio A. Guapa chica de un país del norte, bonita por dentro y por fuera, durante unas cortas vacaciones en nuestro país tuvo que ser llevada de emergencia a un hospital cuando una flecha disparada por un antiguo dios romano le traspasó el corazón. El médico que la atendió le dijo que ya no había nada que hacer, que se había enamorado sin remedio, y que el tratamiento apenas si podía ser paliativo: algunas atenciones todo el tiempo y tratar al paciente con amor. Ella eligió a su enfermero peruano y lo contrató de por vida para el servicio. Y lo hizo con tan buena fortuna, que poco más de un año después logró que el enfermero, además de haberle traspasado el corazón con la flecha le pusiera un anillo en el dedo para siempre. Y desde entonces son los pacientes más felices de la tierra.
 
En aquella época, M. ---así se llama la novia de A.--- vivía justo en el departamento de al lado de la damita de la trastienda. Felicidad enorme para mí: la novia de mi mejor amigo vivía al lado de mi novia. De hecho, se hicieron grandes amigas. La cosa es que cuando llegué al departamento, en plena medianoche, con todo a oscuras y hecho un manojo de nervios, la cosa no resultó tan sencilla como en la tele.
 
Comencé a tocar la puerta de FI lo más despacito que podía para no despertar a los vecinos; usé mis dedos:
 
---Tap, tap, tap.
 
No noté ningún cambio en el ambiente, así que al más puro estilo de instrucciones de frasco de shampoo, repetí la operación hasta obtener los resultados deseados.
 
---Tap, tap, tap....
---Tap, tap, tap, tap...
---Tap, tap, tap, tap, tap...
 
Descubrí que los frascos shampoo son una estafa: no dicen nada de qué pasa cuando se obtienen resultados no deseados. Porque luego de la cuarta andanada de taps, vi con horror que las luces de los departamentos vecinos comenzaban a encenderse. Miré en derredor y comencé a buscar un sitio para esconderme antes de que sea...
 
---¿Kike?
 
...demasiado tarde.
 
La novia de A. se acababa de despertar, encendía la luz de su habitación y se asomaba a la puerta.
 
---Kike, ¿eres tú?
---Esteemm...
 
Con la vergüenza hecha una bola roja en la cara, me atraganté con frases sobre sorpresa, aniversario con FI, el auto de A. y muchas disculpas. Debió de funcionar, porque luego de una sonrisa, M. volvió a cerrar la puerta y a apagar las luces.
 
Entonces se abrió la puerta del departamento de FI. Unos ojos chinos de sueño se asomaban sobre un rostro pálido y con marcas de sábanas aún frescas. FI tenía los cabellos revueltos y la boca arrugada, casi tanto como la ropa que usaba como pijama. Aun así estaba preciosa.
 
---¡Sorpresa! ---grité en voz baja... sí, cuando estás enamorado se puede gritar en voz baja: los físicos deberían estudiar eso.
---Ven acá, sonso.
 
FI me jaló del brazo y me metió a su casa. Dejamos la puerta entreabierta para que a nadie le entrara la sospecha de que estábamos haciendo cochinadas.
 
---Sorpresa, mi amor: ¡feliz aniversario! ---dije con mi mejor sonrisa---. He venido a darte esto para sorprenderte y también para decirte que lo siento mucho.
 
Le alcancé las flores, el globito y los dulces, lleno de ilusión. Los recibió y una sonrisa se dibujó en su rostro. Era una sonrisa tímida y dubitativa, conmovida pero condescendiente: "No le pidas mucho ---pensé---, recuerda que está molesta".
 
---Perdóname por lo que pasó... ---empecé.
---Sí, Kike, pero...
---Pero nada. Sé que es tarde, pero quisiera que vieras que estoy arrepentido y que...
---Amor...
---Sí, sí, lo sé, quieres descansar; pero escúchame un momento. Anda, dame una sonrisita, prométeme que lo conversaremos mañana para arreglar las cosas y...
---Sí, conversemos mañana, por favor... ---dijo con un hilo de voz.
---...y alegrémonos por nuestro aniversario. ¡Te quiero mu...!
 
Y entonces no pudo más y lo dijo sin asco:
 
---Amor, es que nuestro aniversario es mañana.
 
Yo repasé mentalmente la fecha, que es algo que me cuesta muchísimo, y con las justas repliqué:
 
---Pero, linda, ¿no es hoy día seis? ¡Ya es de madrugada, ya es seis! ---anuncié con gracia, a lo mejor como se acababa de despertar, y de puro despistada...
---No, Kikito: nuestro aniversario es el siete.
 
¿Ya me comprenden mejor ahora? Por eso decía que estábamos a 6 ó 7 de algo, octubre o noviembre, no recuerdo bien... ¡y ahí estuvo el problema!
 
Fuera de bromas, este post es un canto a la amistad, en particular para mi amigo A. Y si bien se merece algo mucho mejor por lo bueno que ha sido conmigo estos años, yo, que no soy capaz de hacer nada mejor, a lo mucho me propuse tan solo escribir esto de aquí y retribuirle con mi propia vida tantos favores.
 
Qué hermosa es la amistad cristiana. ¿Qué tiene de diferente con algún otro tipo de amistad? Nada, digo del modo más irónico posible: tan solo que el Fundador del club dijo que para ser miembro había que dar la vida por los amigos, y eso es la garantía más grande de felicidad aquí, sobre la tierra, y luego, en el Cielo, la vida eterna. No hay delicia más grande, y quiero me he propuesto dedicar toda mi vida a comprobarlo.

lunes 13 de abril de 2009

Surrexit pastor bonus!



La ecuación es sencilla:
si es todopoderoso para resucitar,
tiene
el poder para arreglar
cualquier entuerto
para enderezar
cualquier vida,
para solucionar
cualquier problema,
para hacer feliz
a cualquier persona.
¿No será hora
de hacer la prueba?


Como dicen
esas pícaras letritas
ahí debajo:
«La muerte ha sido devorada
en la victoria». (I Cor 15, 54)
Feliz Pascua de Resurrección
en el Resucitado.

martes 7 de abril de 2009

«Ay, amor de hombre...» II

En el capítulo anterior hablé de A., que es tan mejor amigo, que aun siendo medianoche me ayudó a ejecutar un plan para arreglar el enfadón que yo solito le había regalado a la damita de la trastienda unas horas antes. Mi plan implicaba flores, un regalo, su globito y demás cosas de esa guisa, así como aparecerse por su departamento a esa hora. Todo bonito... bonito y peligroso. Porque todo eso suena lindo en el papel, romántico y toda la cosa, pero ya dije antes por aquí que la realidad (la vida, la realidad que se nos muestra ante los ojos) es una mujercita caprichosa, y debe de ser también una mujercita bastante triste porque de romanticismo no entiende nada.
 
A esa hora, los únicos minimarkets abiertos en la ciudad de Lima son los de las estaciones de servicio, así que ahí nos dirijimos.
 
[NOTA DE LA REDACCIÓN: Dado el nivel de engorro de la presente historia, nadie en la redacción de Fuera de Bromas quiso comprometerse en escribirla. Para solucionar el problema nos hicimos del video de seguridad del establecimiento donde ocurrieron los hechos. Para ello solicitamos acceso a la cámara de seguridad con las debidas acreditaciones. Pero la cámara de seguridad dijo que a ella no la accesaba nadie, y que nos fuéramos todos a accesar a nuestras abuelas, junto con otra serie de recomendaciones. Más bien dijo que si queríamos algo de ella teníamos que dejarla dar su testimonio. Y a ese acuerdo llegamos: la cámara aceptó colaborar mediante un testimonio dictado a un miembro del FBI, que había acudido también a investigar el caso (sí, en serio). Y ese testimonio, el de la cámara, es el que aquí transcribimos tal como lo recogimos de la grabación del FBI. Así que cualquier responsabilidad, etc., etc.].
 
Testimonio A-24093-2008.11.XX
 
---Cuéntenos lo que vio por favor.
---Dos hombres más o menos bajitos ---uno flaco, flaco, flaco hasta los huesos, y el otro, un poco más panzón--- entraron a eso de la medianoche en la estación de servicio. Se bajaron de un auto blanco y entraron juntos al minimárket.
---¿Juntos?
---Sí, juntos. De frente se fueron a la sección de comestibles y comenzaron a buscar algo. Yo de inmediato tuve mis sospechas, ¿vio? Porque, ¿qué suelen buscar dos tipos a esa hora en un grifo?: una cerveza helada, unos cigarros, un sánguche, unos condones... Pero estos no; los dos se van de frente a buscar en la parte de dulcecitos... ¡y dulcecitos feminoides, para colmo!: un chocolate, un caramelito, una paleta. ¡Puaj! «Ah, no ---me dije---: aquí hay algo raro».
---Siga. ¿Y qué pasó?
---Entonces uno de ellos le dice al otro: «¡Aquí está!», y le enseñó un objeto.
---¿Pudo distinguir qué era?
---Era un paquete de dulcecitos de mazapán en forma de frutas: había un platanito, una mandarina, una manzanita... Yo vi que el otro asentía emocionado, contento y todo. Y, ejem, empecé a confirmar mis sospechas, ¿sabe?
---Limítese a contar lo que vio.
---Bueno, bueno. Lo que pasó luego fue que ambos se juntaron y conversaron un rato. Yo no sé qué estarían buscando en concreto, pero parece que lo de los mazapancitos no era suficiente.
---¿Suficiente para qué?
---¡Yo no lo sé, ya se lo dije! Solo veo que después se van a la sección de las flores.
---¿Flores a esa hora?
---Y, bueno, hay algunas que están todavía vivas y se venden. Los dos van y se ven bien interesados: revisan las flores, las miran, las huelen...
---¿Había alguien más con ellos?
---No, pero al fondo de la tienda, un cliente que los había estado observando desde que entraron comenzó a levantar una ceja sospechosa.
---¿Y dijeron algo?
---«¿Te gusta esta?», preguntó el panzón sonriendo, y el flaco se puso a chillar: «¡Sí, sí está excelente!». Y mientras decían eso, el cliente que comenzó a mirarlos levantó levantó la otra ceja también. Y frente a él, una señora que revisaba el pan de molde también comenzó a mirar a los hombres con la flor y los mazapancitos, y arrugó un poquito la nariz.
---¿Y qué pasó luego?
---Bueno, de ahí los dos se fueron a la caja registradora.
---¿El señor y la señora?
---No sea idiota...
---¿Perdón?
---Quiero decir, no, pues, señor: los dos hombres. Ellos fueron a la caja registradora.
---¿Para qué?
---¡Para pagar, pues! El que llevaba la flor en la mano sacó una tarjeta de crédito y pagó todo. Apenas canceló la flor, se la dio al más flaco diciendo: «Toma».
---¿De veras?
---¡Se lo juro! El hombre de las cejas levantadas y la mujer del pan cambiaron miradas cómplices, y hasta una pareja de novios que estaba por ahí se acercó de la mano, y los cuatro comenzaron a cuchichear haciendo muecas de asco.
---¿Y qué pasó después?
---«¡Gracias!», gritó el más flaco. Y a mí me subieron los colores al rostro, ¿vio? Sí, sí, ya sé que soy una cámara de seguridad, pero de verdad se me subieron, no me mire así.
---Prosiga.
---La cosa es que cuando ambos estaban a punto de salir, uno le dice algo al otro, al oído, para colmo. Yo no sé, pero todos los que miraban estaban como hipnotizados mirándolos. Hasta el cajero, oiga, cuando el flaco y el panzón le pagaron y se estaban yendo, disimuladamente soltó una risita disforzada...
---¿Risita disforzada?
---Imitando a algo intermedio entre un bailarín, un coreógrafo y un peluquero.
---¿Qué pasó después?
---El flaco chilló «¡Excelente idea! ¡Súper romántica!». Apenas dijo eso yo vi que todos los hombres que miraban hicieron un gesto de dolor ajeno, como una mueca de desgarro...
---¿De qué? 
---Más o menos como cuando en un partido de fútbol a un jugador le revienta un pelotazo en los testículos.
---¡Ouch!
---Sí.
---Ejem. Continúe.
---Bueno. Los dos fueron después a la sección de globos. Y no va a adivinar...
---Por favor, limítese a relatar...
---Sí, sí, ya sé, ya sé. Es que cuando fueron a los globos, no me va a creer, pero es que no fueron a ver los globos normales, sino que de frente se fueron a buscar los que tenían forma de corazón...
---¡Uy!
---¿Cómo?
---Ejem.
---Sí, fueron donde los globitos esos. El grupito de mirones ya había crecido porque se había sumado ahora uno de los mecánicos que despachan gasolina, que abrió los ojos como platos cuando vio todo el asunto.
---¿Y?
---Y pasó que se comenzaron a consultar y a cuchichear, porque parecía que no encontraban lo que buscaban. Y, bueno, yo en un momento me distraje.
---¿Cuánto tiempo?
---No mucho, pero cuando volví a ver, uno de ellos ya iba camino al mostrador con un globo en la mano.
---¿Vio cómo era?
---Rosado con forma de dos corazones abrazándose...
---Ay, no...
---Sí, y uno de ellos tenía una carita sonriente; el otro tenía una con los ojos cerrados, así como arrobada.
---Aj.
---Sí, lo mismo dije.
---¿Y la gente reaccionó?
---Toda la gente contenía la respiración. Pero ¿sabe qué? Esta vez pasó algo raro.
---¿Qué?
---Esta vez cuando iban a la caja registradora, el más flaco de pronto se frenó en seco y le pasó la voz al otro. Y repentinamente todo estaba en silencio. El flaco comenzó a mirar alrededor entre nervioso y preocupado. Por supuesto, comprobó que nadie los estaba mirando.
---¿Nadie? ¿Y la gente?
---Y, bueno, cuando el flaco miró, solo vio a un grupito de clientes con un mecánico al otro lado de la tienda, todos extrañamente concentrados en leer la lista de ingredientes de un frasco de mermelada para diabéticos. Pero parece que eso no le llamó la atención. Porque la cosa es que solo se inclinó al oído de su amigo y le dijo algo en voz baja.
---¿Qué le dijo?
---Y, yo no sé. Pero seguro que fue algo grueso porque el otro abrió mucho los ojos y comenzó a asentir como preocupado. Y después de hacer la misma revisión del lugar que el flaco hizo un ratito antes, puso cara bien seria, carraspéo, se acomodó la corbata y caminando a la caja como peleador de cachascán o camionero de carretera, pagó y se fue sin decir nada, rapidísimo, detrás del flaco, que ya estaba sentado en el carro y tapándose disimuladamente la cara con las manos.
---¿Y qué fue lo que se hábían dicho al oído?
---Y, yo no lo sé, señor, ni tampoco se lo puedo decir. Yo respeto todas las opcio... Hey, oiga, suélteme, no se ponga así. Yo soy solo una cámara de seguridad, de esas que ve todo en blanco y negro y no escucha nada. Pero estoy seguro de que si le preguntasen al cajero de la tienda... ¡Ay, suélteme, le digo! ¿Qué le pasa? ¡Hey, ¿de dónde salió ese tipo grandote con esa cachiporra?! ¡¡Suéltenme, le digo!! ¡Oiga, yo no...! ¡Nooo!
 
[NOTA DE LA REDACCIÓN: Aquí la grabación se interrumpe un momento y parece reanudarse 5 minutos después].
 
---¡Ya, está bien, está bien, pero que se detenga, que se detenga!
---¡Dinos qué dijeron, cámara!
---¡Está bien, está bien! Oí que uno le dijo al otro algo así:
«---Oye, A....
»---¿Qué pasa?
»---Tengo una sospecha.
»---¿Sí?
»---Creo que nos hemos visto regays, hermano...».
 
(Tu bi continiu).