[...] sí, es muy bonito cómo es que el niño es también el reflejo de la ternura e inocencia de Dios.
Y yo le respondí lo siguiente:
¿Dios inocente? Cuidadito, eh... Dele una leidita a Lewis (El león, la bruja y el guardarropa, por ejemplo, o Una pena observada)* y verás que Dios no es necesariamente "inocente", como pensamos. Y gracias a Dios que no es así [...].
Y entonces se me ocurrió profundizar la cuestión. O, más bien ---no seamos tan ambiciosos---, simplemente citar la cita que le cité. ¿Manyan? (significa '¿comprenden?').
Y es que C. S. Lewis ---sí, el autor de las Crónicas de Narnia--- era un cristiano de aquellos, un crudo escritor ---y un crudo ser humano---, y un tipo que vaya si reflexionó sobre Dios... a punta de golpes, se puede decir. Y aquí tiene algunas frases que vienen muy a pelo de lo que comentó el amigo. Aquí vamos. Están en El león, la bruja y el guardarropa, y las pone en boca de algunos de sus personajes:**
---[...] Por eso te traje aquí, hija de Eva. Te llevaré al lugar donde te encontrarás con él ---dijo el Señor Castor.
---¿Es... es un hombre? ---preguntó Lucía.
---¿Aslan un hombre? ---exclamó el Señor Castor con severidad---. Por supuesto que no. Te lo digo: él es el Rey del bosque, y el hijo del gran Emperador Allende los Mares. ¿No sabes quién es el Rey de las Bestias? Aslan es un león, el León, el Gran León.
---Oh ---exclamó Susana---. Pensé que era un hombre. ¿Es inofensivo? Creo que me pone un poco nerviosa la idea de conocer a un león.
---Así será, linda, sin lugar a dudas ---dijo la Señora Castor---. Si existe alguien que pueda ver a Aslan sin que le tiemblen las rodillas, ese tal o es muy valiente o es simplemente un tonto.
---Entonces, ¿no es inofensivo? ---preguntó Lucía.
---¿Inofensivo? ---exclamó el Señor Castor---. ¿No has oído a la Señora Castor? ¿Quién dijo que fuera inofensivo? ¡Por supuesto que no es inofensivo! Pero es bueno. Es el Rey, ya te lo he dicho.
Como ya saben, Aslan es una alegoría de Jesucristo.
Lewis también tiene una frase muy divertida con respecto a los dentistas. En Una pena observada, decía una cosa como esta: "No comprendo cómo las personas pueden consideran a Dios como un ser bueno pero inofensivo, incapaz de hacerles sufrir. Yo me pregunto: 'Esa gente, ¿nunca ha ido al dentista?' ".
Fuera de bromas ---aunque eso fue muy en serio---, Lewis luego continúa con la idea de que un dentista es una persona buena, pero que puede hacer sufrir a un paciente para conseguir un bien mayor, porque sabe lo que está haciendo.
Estas ideas de Lewis frente al dolor no son algo gratuito. Al contrario, están bien cimentadas en su vida, pues las aprendió con mucho esfuerzo. No sé si lo conocen, pero el tipo era un amargadote, un ateo encerrado en sus libros y en su pose de intelectual. Poco a poco fue abriendo el corazón y se fue convirtiendo. Sí, y le hizo apostolado nada menos que ese otro gigante, J. R. R. Tolkien, imagínense. Él, Lewis y algunos amiguitos más formaron un grupo, The Inklings, allá en el Magdalene College de Oxford. Pero esa es otra historia.
Luego Lewis conoció a esta mujer estadounidense, divorciada, medio roja pero católica (si mal no recuerdo), llamada "curiosamente" Joy ('alegría'). De ahí el título de su libro: Surprised by Joy ('sorprendido por la alegría' o 'sorprendido por Joy'), en el que narra dos acontecimientos que ocurrieron en paralelo en su vida: su conversión al cristianismo (si no me equivoco, Lewis fue anglicano) y su enamoramiento y matrimonio con Joy.
Pero vean si este hombre no supo lo que es sufrir. Meses después Joy murió de cáncer. Hay una película sobre el tema: Shadowlands, con una buena actuación de Anthony Hopkins (que para ese tipo de papeles se pinta solo). Nuestro C. S. Lewis (Jack, como le llamaban los amigos) la pasó muy mal. Y solo lo sacó a flote su recientemente adquirida fe.
Fruto de sus experiencias es el libro ---por momentos bastante crudo--- A Grief Observed (publicado en español como Una pena observada). Libro fuerte, crudo, desnudamente humano, que no se guarda nada. Lewis increpa a Dios, le suelta todos sus porqués... pero lee todo en clave de esperanza y, sobre todo, desde una extraordinaria y virtuosa confianza en la Providencia divina. Ama a Joy, pero al mismo tiempo encuentra las respuestas que busca en su fe. Vaya ejemplo. Además, ese libro tiene palabras lindísimas sobre el matrimonio y la mujer. (Lo recomiendo, aunque para quienes estén un poquito recorridos ya en la fe).
He ahí una explicación de por qué la reflexión de Lewis sobre el dolor no deja de estar presente en su obra. Se ve en la crudeza y realismo de sus ficciones. Se ve en Cuadernos de dolor (por el título, porque confieso que aún no lo he leído). Se ve en sus comparaciones entre Dios y un escultor que, a punta de golpes de cincel, va sacando lo que le sobra al rudo bloque de piedra para dejar al final una hermosa escultura, hecha a su imagen (al menos, eso decían que decía en la película que menciono. Sé que no es muy científico, pero... al menos confío en que el que hizo el guión de la pela se documentó bien. Y, bueno, confío...).
Hice toda estra introducción (aunque la hice al final) para que tengan un poco más claro quién es este señor y qué autoridad tiene ---la de su propia experiencia de vida--- cuando dice que Dios no es inofensivo. Y es verdad. No lo es. Pero es buenísimo. Y, fuera de bromas, gracias a Dios que así es.
* En mi respuesta, le dije al amigo lector que leyera Surprised by Joy. En realidad, el libro correcto es A Grief Observed, traducido al castellano por Rialp como Una pena observada.
** Lewis, C. S. The Lion, The Witch and the Wardrobe. Nueva York: Harper Collins Publishers, ca. 2005, pp. 80-81. Traducción mía.