jueves, 16 de noviembre de 2006

Casi atropello a una señora

Ahora que ya tengo su atención... Je, je..., no, si el título de este post está un poco fuerte, ¿verdad? Pero a ver, aclaremos algo: a pesar de que en casa hay dos autos (el de mi papá y el de mi mamá), por razones que no hay necesidad de mencionar ---ejem--- yo casi nunca los manejo. Bueno, salvo los domingos en que nadie quiere ir a buscar comida y me mandan a mí. Pero ese es otro tema. La cosa es que yo no suelo conducir, y mucho menos tengo auto. Pero así y todo, el otro día casi mato a una señora. Raro, ¿no?
 
En esa época solía salir del trabajo e ir a Virgen del Pilar para rezar un ratito y estar en misa. Un día de esos llego a un cruce y me quedo parado porque pasaban carros. Préstenle mucha atención a esto: paré porque pasaban carros. Ya explicaré más adelante. Estaba ahí parado, decía, cuando se detiene a mi lado una señora. Después de mirarla un rato ---y, de observador que es uno--- me puse a pensar que era probable que no fuera peruana. Tenía cabello castaño, piel blanca y ojos azules detrás de sus anteojos un tanto marrones. Eso no es común por aquí. La señora tampoco cruzaba la pista;(1) al contrario, parecía esperar algo, mirando sin descanso hacia un punto fijo. Me puse a pensar en qué tanto podría estar mirando hasta que lo descubrí: miraba el semáforo en rojo arriba de mí (de esos que cuelgan de un cable en la mitad de la avenida). "Ajá ---dije yo---. ¿Ya ves?: no es peruana". Y es que los peruanos no cruzamos la calle cuando el semáforo está en verde, sino cuando no vienen carros. Al peruano promedio le importa poco el color que marque semáforo. Él mira para adelante y no para arriba. Sé que en otros países no se cruza la calle si el semáforo no cambia a verde. Exostismos, exotismos.
 
Apenas un momento más tarde ya no venía ni un carro, pero la señora igual no cruzaba. "Ahí tienes ---decía yo---: extranjera". Por mi parte, un momento después pude haber cruzado, pero no lo hice. Me quedé pensando en que si la señora de repente se animaba a hablarme podía ser divertido practicar algún idioma... bueno, no seamos vanidosos: uno de los dos que sé (¡ah!, y algo de castellano también...: entonces tres). Efectivamente, un momento después la señora lo hizo: me habló. Y Sherlock Holmes sacós sus conclusiones: "Dicho y hecho ---pensé---: es extranjera". Pero lo confirmé no tanto por el acento o porque me hubiera hablado en otro idioma ---imposible, además, porque habló en perfectísimo castellano---, sino simplemente por eso: porque me habló. Es que los peruanos no hablamos con nadie. Un peruano que camina solo hará eso: caminará solo, andará solo, viajará solo y no hablará con nadie, salvo ---¡y eso que a veces!--- para decir "gracias" (porque eso sí, los que lo son, son muy amables, y no son pocos). Más de veinte años de terrorismo y una delincuencia algo acendrada nos han dejado eso: la gente es muy desconfiada, sobre todo en Lima, y sobre todo las mujeres mayores.

La cosa es que la señora me habló.
 
---El semáforo se demora.
 
"Confirmado ---pensé yo---: extranjerísima. Pero ¿de dónde es el acento?: ¡si no tiene!".
 
Entonces me hice el sonso (cosa fácil).
 
---¿Cómo? ---dije haciéndome el que no había escuchado. Bueno, era un poco verdad: no la había entendido bien.
---Que el semáforo, cómo se demora...
 
No lo dijo molesta, sino avergonzadita, creo, por un comentario así. La cosa es que, para alegría mía, así como para sacarla del embarazo y darle una buena noticia ---ya ven que a uno le gusta alegrar a la gente---, vi con gusto que el otro semáforo daba verde a los carros que avanzaban en nuestro sentido. Así es que anuncié triunfante mientras lo señalaba:
 
---Ya cambió. ---Feliz yo. Hasta sonreí. La buena acción del día.

Entonces vino lo bueno. Como para confirmar que era extranjera, la señora confió absolutamente en mí. Demasiado, diría yo, que no contaba con su movida. Me miró y miró su semáforo, el que estaba encima de mi cabeza, el que había estado mirando todo el rato, el que estaba a la derecha. Vio que estaba en rojo para los otros carros. Dedujo que el peatonal se habría puesto en verde para ella, y cruzó así nomás, sin cerciorarse de que efectivamente el otro lado se hubiera puesto en verde o ---lo que en el Perú es más importante aun--- que los carros se hubieran detenido realmente. Bueno, yo tampoco me fijé  que no vinieran carros antes de darle mi notición, es cierto. Repito que por aquí no importa el color del semáforo: importa que haya o no haya carros.
 
Y el semáforo cambió, es verdad... ¡pero había carros! Un carro no quiso parar, y más bien aprovechó el último segundo de luz ámbar para meter una súper acelerada y pasar con todo. Y la buena señora, mirándome o mirando el semáforo, es decir, mirando a la derecha, arriba, no miró a la izquierda, abajo. Y casi, casi...
 
Yo entonces pensé en milésimas de segundo: "U y e s t o s e p u s o f e o l e d i g o q u e s e d e t e n g a g r i t o l a a g a r r o p a r o r e l c a r r o c o m o S u p e r m á n a y D i o s a h o r a q u é s e h a c e e n e s t o s c a s o s y o"...
 
---¡Todavía no! ---le grité a media voz, interrumpiéndome a mí mismo con desprecio, no sea que la atropellaran mientras yo me hundía en mis reflexiones metafísicas.
 
Pero no me hizo caso.
 
"¡C a r a c a s l a s e ñ o r a n o s e d e t i e n e y a h o r a c o m o h a g o y t o d o p o r m i c u l p a s i l a a t r o p e l l a n p o r q u é n o m i r ó p o r q u é c r u z ó d e f r e n t e l a l o c a l a v a n a h a c e r k e t c h u p"...
 
---¡¡TODAVÍA NO!! ---ahora sí grité con más fuerza, como hombre (a veces me sale).
 
Ahora sí la señora volteó a mirarme y por fin se detuvo un poco, lo suficiente como para que el carro pasara... a escasos centímetros de su humanidad.
 
"¡Ufff!", me dije, y por fin la sangre me volvió a circular por el cuerpo, con un ligero mareo y todo. "Ahora ---pensé--- la señora me reprochará por idiota o me agradecerá por haberle salvado la vida". Y me quedé ahí esperando o una u otra cosa. Pero no ocurrió. No pasó ni lo uno ni lo otro. Más bien, la tranquila y linda señora acabó con todas mis dudas sobre su nacionalidad, pues en inconfundible reacción peruana, se molestó con el carro haciendo un gesto universal, como si el haberla atropellado de todos modos hubiera terminado siendo simplemente un fastidio, o como si el principal problema de todo esto hubiera sido que la hagan detenerse unos milisegundos en su inexorable marcha por la pista. Lo debí pensar mejor antes de salvarle la vida...

Fuera de bromas, la confianza que me tuvo la señora fue proverbial, aunque casi le cuesta la vida. Aun así, no deja de ser una gran virtud. Pero, por el otro lado,  conté con pena que mucha gente en mi país es desconfiada. En realidad, eso es lo horrible. Qué feo es vivir desconfiando de todo y de todos. Es vivir con temor, vivir en soledad, vivir en zozobra e inseguridad perpetuas.
 
John Le Carré, en El topo, pone más o menos en la mente de uno de sus personajes, un experto espía que recordaba sus años de entrenamiento, la siguiente frase: "Señor, por favor, ¿qué es supervivencia? Supervivencia, señor, es una infinita capacidad de sospecha. Esta era la primera lección, en el Parvulario. El viejo Thatch solía entonar esta definición todas las mañanas".(2) Infinita capacidad de sospecha para poder sobrevivir : ¿hasta ese punto de miedo del otro hemos llegado? He visto gente llorar de amargura cuando se da cuenta de sus dificultades para confiar en los demás. No, así no se puede vivir. Nadie me va a convencer de lo contrario ni de las bondades de vivir en la propia burbuja, olvidándose del resto. Qué lindo, más bien, es vivir en la verdad. Claro, eso no significa ser mongo y andar depositando la confianza en cualquiera. Hay que ser astutos somo serpientes. Pero como niños, ¿vio?
 
 
(1) En algunos lugares le llaman calzada.
(2) Le Carré, John. El topo. Trad. de Carlos Casas. Bogotá: La Oveja Negra, 1984, p. 243.

16 comentarios:

alemama dijo...

Saludos, Kike. No estoy en casa, por eso no puedo venir a recorrer tu blog. Espero hacerlo pronto.

Kike dijo...

Dale, Alemamá, no importa: lo importante es que se acuerda de uno, ¿vio? Eso alegra. Acuérdese también en sus oraciones.

Un abrazo.

Ecazes dijo...

Hay que ser astutos como niños.
Confiar en el que le dice a uno que cambió el semaforo... y mirar a ambos lados.
Hola Kike!

KARMILA dijo...

Hola Niñote¡¡

Como estas? Espero que estes muy bien y mas tranquilo despues de todo lo que pasaste con la señora jajaja.

Fijate que si me espantaste con el titulo de tu post jajaja dije zazz pero cuando empece a leerte me ganaba la risa jajaja.

La verdad es que suele pasar mucho estas situaciones.
Me creeras que no sabia lo del cambio de color de los semaforos en tu paíssssss¡¡ Wow si yo voy me atropellan jajaja y tendrias una amiga hecha tortilla jajaja.

Kike te escribi y no me has contestado que pasoooooo??

Bueno recibe todo mi cariño.

Besotessssssss muuuuuu@@@@@@@@¡¡

Zegim dijo...

Son los riesgos de andar por rumbos que no son los propios. Por lo pronto, parece que es un poco peligroso cruzar las calles por allá (no es que aquí no lo sea...)

Kike dijo...

¡Hola, Elena!

Sí, pues, aunque suena medio a contrasentido eso de confiar pero mirar a ambos lados, ¿no? Je, je... Habrá que encontrar un equilibrio... ¡pero no en el medio de la pista! :-)

Kike dijo...

Karmila:

Hola, niñota, ¿así que una tortilla mexicana de una amiga mexicana? ¡Ja, ja, ja! No, Lima no es tan terrible, espero que algún día lo compruebes.

Y lo de responderle: ¡hey, no me acuse aquí delante de la gente! Tengo una reputación que mantener, ejem. No, fuera de bromas, ya te mandé la respectiva explicación (y pa' que veas que soy bueno, no diré públicamente de quién fue la culpa ;-)

Kike dijo...

Zegim:

Sí, pero el problema es que yo había pasado cien mil veces por ahí :-/ Lo bueno es que a la señora no le pasó nada malo... o, bueno, nada fatal, más bien, porque de que le cambió el humor, le cambió :-)

Un abrazo, y ojalá que un día puedas comprobar que las calles de Lima no son tan malas. Bueno, aunque jamás te aburrirás en ellas, eso sí.

DäNg€®rOu§ WOMän dijo...

Jelouuu Don kike!!

Ayyy pobre, te salvaste de una, y que si imagino tu rostro aterrado y me da hasta penita, pobre pobre, pero felizmente la Sra. no se hizo puré y mucho menos fuiste tu el que la aplastó :D por ahi que tiene un ángel de la guarda demasiado cerca...

Bueno con respecto al comentario en mi blog, la respuesta es obvia ¿vio? (jeje)

Cuidese mucho y ah! recuerda sobre las hermanas ministras de la caridad que le iba a presentar? pues una podria ser una policía de tránsito frustrada ¿que me dice?

Un besote bien peligroso
DW

Kike dijo...

¿Que qué digo? Pues que no entendí nada... ¡ja, ja, ja! Mejor me lo explicas por mail.

Y sí, buena cosa que a la señora no le haya pasado nada :-)

Vaya preparándose para Cerro de Pasco, ¡eh!

café- café dijo...

Saludos, Kike.

Puckis dijo...

aca en Mexico es diferente la cosa depende en que estado estes
aqui en Baja California dicen que somos muy amables, tal vez sea cierto en comparacion de otros lugares si lo pienso..

Kike dijo...

Saludos, Coffee :-)

Kike dijo...

Puckis:

¡Hola, señorita! Tiempo que no se aparecía por aquí. ¡Viva México! :-)

¿Así que la gente de Mexicali es muy amable? Parece ser, parece ser... ¿Quiénes serían los "duros", los jarochos? (digo, por aquello de "¡Te odio con odio jarocho!", ¡ja, ja, ja!).

Un saludazo y vuelva pronto.

El Diario de María Elena dijo...

Que bueno tu relato, pero cuantas verdades sobre los peruanos y nuestro Peru has escrito!

Kike dijo...

María Elena:

Gracias por eso :-) Y, sí, cosas ciertas... pero si lo dices con tono desanimado, no olvides las cosas hermosas que también tiene nuestra gente. Acuérdate de que suele ser lo que más gusta al visitante:

---¿Qué te gustó más del Perú?
---¡Su gente!

Yo volví a escuchar esa cantilena hace apenas una semana, de boca de unos gallegos a los que acompañé un par de días antes que a los neerlandeses.

Gracias por pasearte por aquí. Un abrazo, compatriota.